Un buen amante…

Un buen amante debe comportarse al alba de un modo tan decoroso como a cualquier hora. Él se levanta de la cama con un aire desesperado. La dama se apresura diciendo:

– Vamos, amigo, ya está amaneciendo. No querrás que te encuentren aqui.

Suspira hondo como si quisiera decir que la noche ha sido demasiado breve y que es una agonía partir. Ya de pie, no se pone enseguida los pantalones. Se acerca a la dama y susurra todo lo que quedó sin decir durante la noche. Aun ya vestido, se demora, fingiendo vagamente ajustar su faja. A su debido tiempo, levanta la celosía y los dos amantes quedan de pie junto a la puerta lateral y él le dice cuánto temor le da el día que va a separarlos. Entonces se va. La dama lo ve irse y este momento de la despedida será uno de sus más preciosos recuerdos.

En verdad, el amor que se siente por un hombre, depende en buena parte de sus despedidas.

Shonagon, Sei (2004). El libro de la amohada, pgs. 46 y 47

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